domingo, 20 de julio de 2014

Brasil 2014, no te acabes nunca: La selección Colombia

Colombia comenzó a vivir el Mundial Brasil 2014 el 11 de Noviembre de 2013. Esta fecha, que siempre celebra la independencia de Cartagena de Indias del dominio español, también fue una ocasión para que unos guerreros, esta vez detrás de un balón y armados de enorme talento, lograran empatar en Barranquilla un partido que estaba totalmente perdido. Un 0-3 ante la selección de Chile no hacía presagiar buenas cosas para la selección Colombia, pero la magia de James Rodríguez, y los goles de Radamel Falcao García y Teo Gutiérrez consiguieron lo que parecía imposible: Colombia volvía a un Mundial después de 16 años de decepciones e improvisaciones. El camino no era fácil, pero ahí estábamos.

Un día cualquiera de enero, muchos perdimos la tranquilidad con una noticia: un tal Soner Ertek, jugador de un tal Chasselay de la cuarta división de Francia, lesionaría a Radamel Falcao García, la máxima figura colombiana y estrella del fútbol mundial en el equipo AS Mónaco. No era cualquier lesión, en tanto que el ligamento del colombiano se rompió, y su recuperación tomaría 6 meses o más, con lo cual era casi imposible que el delantero pudiese disputar Brasil 2014 con su selección. Una tristeza impresionante vivió el país, y el mundo de fútbol en general al conocer la noticia. Afortunadamente, el entrenador del equipo nacional, José Pékerman nunca demostró su desasosiego ante la noticia.

Colombia se comenzaba a preparar para el Mundial. La gente compraba sus álbumes, láminas, televisores, figuras de la mascota Fuleco y demás. A diferencia de otros torneos, no hubo euforia alrededor de la selección, sino más bien un prudente optimismo, que se fue minando un poco con las lesiones de Edwin Valencia, Aldo Ramírez, Amaranto Perea, y la confirmación de la ausencia de Radamel Falcao en el torneo.
A Colombia le correspondió un grupo más o menos parejo en el papel. Como cabeza de grupo por ser uno de los mejores equipos en la clasificación de la FIFA, la selección enfrentaría a Grecia (que venció a nuestro “coco” Rumania en el repechaje europeo), la fuerte selección de Costa de Marfil, y una presuntamente evolucionada selección de Japón. El primer rival sería el equipo europeo, caracterizado por ser un equipo mezquino en ataque, pero efectivo en defensa.

El sábado 14 de Junio sería la fecha del retorno de Colombia a un Mundial. En 1998 nos habíamos despedido con las lágrimas de Faryd Mondragón, pero aquel día 14, las lágrimas serían a otro precio. Un día antes de elegir Presidente, el estadio de Belo Horizonte vibraba con miles de colombianos en sus tribunas, esperando un buen debut de sus compatriotas. Solo bastaron 6 minutos para que Pablo Armero deleitara al mundo con sus goles y su baile. Teo Gutiérrez convertiría el segundo gol, y el tercero vendría de esa zurda prodigiosa y poética de quien llegara como promesa y se despediría como realidad, un crack llamado James Rodríguez. Júbilo inmortal.

Brasilia, aquella pequeña ciudad construida sobre planos para ser capital de Brasil, sería testigo de otra nueva función de la selección Colombia. Costa de Marfil fue el rival, mucho más difícil que el europeo, pero Colombia también lograría sobrepasarlo. Esta vez, un monumental gol de cabeza de James Rodríguez y un certero contragolpe del joven Juan Fernando Quintero marcarían la diferencia a pesar del hermoso gol de Gervinho. Colombia hacía la reserva de su tiquete para octavos de final. Cesó la horrible noche.

Ante Japón, Colombia se dio el lujo de alinear varios suplentes, y con ellos también las dudas aparecían en un errático primer tiempo empatado 1-1. Pékerman hizo uso de su experiencia y envió al mago a la cancha. James Rodríguez puso el acelerador para que Jackson Martínez, su excompañero en el FC Porto marcara 2 goles que resolverían el partido, al que todavía le quedaba una pintura de James Rodríguez para el 4-1, y para que el mundo le rindiera un homenaje a Faryd Mondragón, quien se convertiría a sus 43 años en el jugador más veterano en pisar la cancha en un Mundial. El abrazo entre Pékerman y Mondragón nos mostró que el fútbol no solo está hecho de goles. 9 puntos de 9 posibles en la primera ronda. Colombia se baña en sangre de héroes.

El sábado 28 de Junio de 2014 será recordado como el día más importante de la historia del fútbol colombiano. El mítico Maracaná sería el escenario donde la selección Colombia mostraría su mejor repertorio ante una selección de Uruguay siempre difícil, y esta vez más, después de la sanción para su delantero Luis Suárez por morder a un rival en el partido contra Italia. En el minuto 28 del juego el mundo quedaría enmudecido ante una obra de arte de James Rodríguez, quien sin dejar caer el balón, dispara desde fuera del área con su fenomenal pierna zurda para vencer al portero Muslera. Un gol para reír, para llorar, para celebrar toda la vida. De esos momentos que uno agradece poder estar vivo para poderlos presenciar. Llegaría una brillante jugada colectiva que esta vez la derecha de James resolvería. 2-0 y Colombia pasaba a cuartos de final por primera vez en su historia. El país festejaría como nunca y la selección Colombia se convertía de nuevo en un referente de buen fútbol. ¡Oh, gloria inmarcesible!

El rival de la siguiente fase sería Brasil, el equipo local. Ese equipo no estaba acorde a su historia llena de talento, sino a una realidad donde para ganar es necesario el juego rudo, e incluso las ayudas arbitrales para sopesar un equipo sin inspiración. En ese partido Colombia empezó con dudas y al minuto 7 una desconcentración comenzaba a acabar el sueño colombiano. 1-0 terminaría el primer tiempo, donde Colombia no se encontró en la cancha,  pero sí con el excesivo juego fuerte de su rival, ante la complicidad del juez español Carlos Velasco.

El segundo tiempo fue distinto. Con cambios desde el banco y con mucho amor propio, Colombia buscaría el empate. En un tiro libre, el defensa David Luiz marcaría el segundo para Brasil, y luego James, el gran James, en un penalti pondría la cuota de sufrimiento para ese Brasil de mentiras que 3 días después tendría la humillación de la vida al caer 7-1 ante una selección alemana inspirada. Terminaba el partido, y las lágrimas de James Rodríguez, goleador del torneo con 6 tantos, nos mostraban que todo lo que tenía la selección había quedado en la cancha en ese segundo tiempo. Colombia se despedía como un gigante de ese Mundial. Su varonil aliento, de escudo les sirvió.


Brasil 2014 quedará en la memoria de todos los colombianos, quienes vimos a una selección llena de valores, tanto humanos como deportivos, que nos demostró que los sueños se pueden hacer realidad. Ojalá como sociedad valoremos todo lo grandioso que nos trajo esta selección y podamos adaptarlo a nuestra vida diaria. El camino apenas comienza. Ojalá no se acabe nunca.