domingo, 1 de mayo de 2016

Servicio al Cliente

Usted tal vez recordará la vieja serie de televisión del “Increíble Hulk”, en la que el Dr. David Banner se convertía en el monstruo verde cuando algo lo ponía de mal genio. En la secuencia de la serie, Banner le decía a un insistente reportero llamado Mc Gee: “No me provoque, no soy yo cuando me enojo”.

Lo anterior creo que nos ha pasado a todos cuando enfrentamos un trámite ante una oficina de servicio al cliente en el momento en que uno de sus jóvenes inexpertos asesores nos dice cosas como “No sabría decirle” o “Lo entiendo, pero igual la visita solo se puede programar para dentro de una semana”.

El servicio al cliente es un tópico al que muchas veces no se le brinda la importancia que debiera, siendo que muchas veces suele más importante que el producto en sí. Cuando uno compra cosas, muchas veces se recuerda la experiencia en sí: si la tienda era grande, si había luces, si el vendedor era amable, si la vendedora era bonita, etc. Pero una marca que tenga un producto muy bueno puede ser destruida por una actitud displicente de una cajera, o del mal genio de un asesor. Una persona puede dejar de ir a una tienda por el simple hecho de que alguien le pregunta mil veces “¿A la orden?” cuando se miran las estanterías de cada pasillo. Muchas veces la intensidad intimida, y suele pasar en muchos aspectos de la vida.

Un ejemplo de incómodo servicio al cliente es cuando se llama a una empresa de telecomunicaciones. A veces la rabia comienza al mismo momento de la llamada, cuando una grabación nos dice que “Aunque estemos ocupados, tu llamada es muy importante para nosotros”, y así este mensaje suena los primeros 5 o 6 minutos de la llamada. Por ahí al minuto 7 contestan y uno habla como con 4 personas más hasta que finalmente pasa al teléfono la persona que “va a resolver el problema”. Mientras eso, uno comienza a hacer disertaciones como “¿Por qué la comunicación se oye tan mal si estoy llamando a una empresa de telecomunicaciones? o ¿En cuánto me irá a llegar el recibo si me siguen haciendo esperar?

Cuando pasa al teléfono la persona indicada, comienza a preguntar obviedades del tipo “¿De qué línea me llama? ¿La línea sirve?” para llegar a “Reinicie el equipo”, y terminar con “El técnico pasará dentro de 4 días en horas de la tarde” (Horas de la tarde, léase de 12 m a 5 p.m.). El sistema gana y uno se lleva una dolorosa derrota.

Los restaurantes son lugares donde el servicio al cliente es supremamente importante, porque si el servicio es malo, el cliente no vuelve. Si un plato está mal presentado, no habla bien del establecimiento, así tenga el sabor más agradable del planeta. Del mismo modo si la actitud del mesero es hostil o si se nota displicencia, un cliente puede optar por otra opción. Así como también es de admirar la recursividad de ciertos meseros, que cuando no hay un plato disponible, intentan ofrecer cualquier tipo de combinación posible con tal de no perder al cliente.

A muchos nos ha pasado que hacemos una larga fila y el cajero o el asesor se va a almorzar con toda la tranquilidad del caso. No importa si hay mucha gente esperando desde varias horas. Pasa en los supermercados que suele haber 10 cajas y solo en una atienden, como si poner un cajero más disminuyera las ya enormes ganancias de los establecimientos comerciales. Aunque en muchos casos, y para ser justos, los clientes que no tienen claro lo que quieren son los que entorpecen los servicios.

Casos pueden haber muchos. Imaginen una estación de servicio, una venta de tiquetes, un aeropuerto, una panadería, o el lugar que más frecuente. La parte humana de una empresa es su carta de presentación, y más en esta época de redes sociales e inmediatez, donde cualquier error se difunde rápidamente y puede lesionar para siempre la reputación de una empresa.

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