Después de una jornada laboral
matutina, cualquier persona quiere disfrutar su almuerzo, y de paso, aprovechar
para informarse y así poder comentar las noticias con los compañeros de
trabajo. Uno esperaría que el insumo de esas conversaciones fueran noticieros
con informaciones relevantes y análisis bien desarrollados, pero
infortunadamente la realidad es distinta.
Los temas de conversación
terminan siendo relacionados con la pelea de una pareja en la costa, de la
madre de familia que vengó todas sus penas y pesares golpeando a su pequeño
hijo, o como lo vimos recientemente, conversaciones íntimas entre personajes
públicos. Las noticias dejaron de ser hechos relevantes, y pasaron a ser un
collage de videos caseros con visos de crónica roja. No hay filtros.
Un televidente, que de por sí
poco exige en términos de contenido, podría pensar que el comité de redacción
de un medio es pasar recolectando videos de cámaras de seguridad en la
madrugada y buscar qué es lo que puede tener mayor impacto. Ya nada tiene que
ver que se pueda firmar la paz o que pueda estallar una crisis financiera, todo
sucumbe ante el show mediático de una agresión, de un robo, de una alcantarilla
destapada donde caiga un niño y se pueda mostrar a la mamá agobiada llorando.
Eso vende, y si vende, es sostenible en el tiempo.
Casi siempre esa información
sobra. Los videos virales si bien muchas veces han sido el camino a la fama de
uno que otro adolescente, también pueden acabar vidas. Ya nadie puede cometer
el más mínimo error porque el “Gran Hermano” está ahí, grabando con su
dispositivo cualquier evento llamativo para que el público, siempre juez
implacable, condene con furia el hecho.
Ya poco se ve ese periodismo de
investigación en el que el televidente aprende y puede ver las distintas caras
de una historia para tomar una posición. Ya cada historia que vemos es tan
desechable, que nos entrega de una vez al culpable sin siquiera analizar el
asunto. Y es una sucesión de culpables, que lejos de darnos una luz de
optimismo sobre el porvenir de esta sociedad, nos muestra que esa manida frase
que dice que “Los buenos somos más” puede que no sea la más idónea para describirnos.
Bueno sería que en estas épocas
se replanteara la información que nos brindan los noticieros. Una mejor
sociedad se puede forjar a partir del análisis, de los buenos debates y de
realmente estar bien informados. No es justo que en los pocos momentos en que
las personas pueden intercambiar ideas, los temas simplemente se reduzcan a lo
light, a lo efímero y a lo que no aporta nada. Tal vez sea mejor tener menos
información y que se preste para un mejor análisis, y no demasiada información
irrelevante, que no se traduce en ningún rédito para la sociedad.
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