domingo, 6 de enero de 2013

Nuestra felicidad




Es un hecho. Colombia es el país más feliz del mundo. Se ve en las calles, en los estados de “Facebook” que dicen “Feliz!! Feliz!! Feliz!!”, o en las fotos de twitter donde todos nos muestran la perfección de sus vidas. No hay discusión. Un estudio mundial dice que Colombia es el país más feliz del mundo

Pero, ¿realmente puede ser Colombia el país más feliz del mundo cuando hay gente que se muere a la entrada de los centros médicos? ¿Se puede ser feliz cuando vemos que somos el tercer país que tiene mayor desigualdad del ingreso en el mundo? Yo diría que no.

Cómo Colombia puede ser el país más feliz del mundo cuando pueblos como Acandí o capitales como Yopal no tienen agua, o cómo se puede ser feliz cuando tanta gente está desempleada o subempleada, o cómo ser feliz cuando pueblos como Toribío en el Cauca son víctimas de tomas terroristas tan cruentas como frecuentes.

¿Somos felices porque realmente somos optimistas, o porque ya nos hemos acostumbrado a convivir con nuestra propia tristeza? ¿Somos felices porque vivimos de la frivolidad, en tanto que nos escandaliza más la actitud rastrera de una modelo que la muerte de una niña por una bala perdida? ¿Somos felices cuando vemos en la puerta de un exclusivo restaurante a una señora anciana pidiendo dinero para obtener una migaja para comer? ¿Somos felices porque no salimos de nuestra zona de confort y no hemos visto la vida real que sucede allá afuera? ¿Somos felices viendo bebés abandonados?

¿Somos felices cuando vemos que nuestra capital lleva años en obra negra? ¿Somos felices cuando vemos que muchos de los que se gradúan de bachilleres no pueden ingresar a la universidad? ¿Somos felices cuando vemos la noticia de una mujer violada en nuestras calles? ¿Somos felices cuando nuestros congresistas hacen leyes en contra de los que votamos por ellos? ¿Somos felices cuando se le da bienestarina a los cerdos? ¿Somos felices cuando vemos a menores de edad tomando trago o fumando? ¿Somos felices pasándonos un semáforo en rojo? ¿Somos felices perdiendo territorio ante un país más infeliz que el nuestro?

Creería que hay que revaluar el concepto de felicidad, porque debería ir más allá de los efímeros momentos que brinda un triunfo deportivo, la comodidad que brinda la tecnología, o la risa que nos genera cierta serie de televisión. No puede ser que en una encuesta sea Colombia el país más feliz del mundo, cuando tantos problemas pasan por nuestro territorio. Puede que el colombiano sobrelleve sus penas y pesares de una manera más estoica, pero eso no quiere decir que sea una sociedad feliz, o tal vez preguntaron donde no era.

Tengan la bondad de ser felices.



martes, 1 de enero de 2013

El bus de la victoria






En este país de innumerables regiones, costumbres, comidas y frases célebres se puede ver de todo, desde agradables tradiciones y labores encomiables hasta bellos parajes turísticos y carreteras infestadas de precipicios, haciendo aún más evidente el paisaje montañoso del país. En fin, cosas muy interesantes y que podrían ser motivo de orgullo.

Pero también hay costumbres muy nacionales que no tienen presentación alguna y que harían sonrojar al más liberal de los mortales. Muchos hemos tenido la ingrata oportunidad de ser testigos de espectáculos como el aplauso al piloto del avión en un aterrizaje normal en un aeropuerto internacional (una forma efusiva de decirle al piloto: “Menos mal no nos matamos”), de las “caminatas” con camiseta blanca con la inocente intención de creer que con eso se acabará la maldad en el país, de la celebración comercial del día del niño, del amor y la amistad, del campesino, y una incesante procesión de días dedicados a cualquier cosa, sin contar los 365 reinados que se llevan a cabo en los aproximadamente 1100 municipios de este país. Así, se puede hacer una gran lista de estas costumbres, pero se me ocurre una muy recurrente y que me atrevería a decir sin temor, que solo existe en Colombia: El “Bus de la victoria”.

Una ciudad como Bogotá presenta muchos problemas en su transporte público masivo, pero este bus es demasiado grande y cabe todo el mundo, puede andar con sobrecupo, pero al cabo de unos minutos todo el mundo se baja. Además en ese bus se puede subir con cualquier tipo de trago.

En Colombia a la gente le gusta celebrar cosas que no les pertenece y así encontrar una excusa para embriagarse y asistir a los lugares de moda donde se podrá “interactuar” de alguna manera con la infamemente llamada “gente bien”. Al otro día, los “pasajeros” ya olvidarán este asunto y el motivo de la celebración será obsoleto e improcedente. Que mejor que ilustrar esta situación con algunos ejemplos.

Viene a la memoria cuando el equipo de fútbol de la ciudad de Manizales “Once Caldas” obtiene el titulo de la Copa Libertadores de América, un triunfo soñado por los aficionados de cualquier equipo de fútbol en Latinoamérica. Ese día miércoles se escucharon gran cantidad de estúpidas frases alusivas al tema, como: “Once Caldas es Colombia…”, “Si ganan, ganamos todos. Si pierden, pierden ellos”, “Como hay colombianos en Boca, de todas formas Colombia será campeona de la copa.”, “Colombia está paralizada”, entre otras frases, las cuales no recuerdo y de pronto tampoco quisiera recordar. Vale la pena anotar que efectivamente toda Colombia estuvo paralizada, el motivo realmente creo que no importaba, pero si Caldas obtenía un triunfo habría celebración por parte de propios y extraños.

Al día siguiente, un amigo me llama para saber si vi el partido. Yo le contesté:
-          Si, ahí estuve en mi casa, normal.
Luego yo le pregunté:
-          Usted también estuvo en su casa, pero nuestros otros amigos qué estarían haciendo.
Mi amigo me respondió:
-          Estaban en Atlantis viendo el partido y luego se fueron a celebrar a la 93.
Al escuchar esa respuesta, mi primera reacción fue:
-          Qué pueden estar celebrando un hincha de América, uno de Millonarios, uno de Nacional y uno de Santa fe. Ellos no vieron ni un solo partido previo, de hecho, difícilmente sabrán que el Once Caldas se viste de blanco, y punto.
Mi amigo remató con:
-          Usted sabe como son ellos. Toman cualquier excusa para estar bebiendo.

Así como esos amigos hay muchos, para cerciorarme de esa situación, hice una ronda por todos los canales nacionales, y, ¿qué encontré? La celebración del titulo “colombiano” en todos los rincones del país, casi ignorando a Manizales. La gota que rebasó mi copa fue ver a un costeño diciendo ¡“Caldas, te amo!” después de haber manifestado ser hincha del Junior. En ese momento apagué el televisor.

No es el único caso. Por ejemplo, otra frase estúpida fue cuando Hernán Darío Gómez dirigió la selección ecuatoriana en el mundial 2002, donde muchos noticieros enunciaron que “Ecuador es Colombia en el mundial”. No creo que hubiera existido nunca una conjunción de palabras tan incoherente e irreal como esa. Ni hablar de los innumerables hinchas que ahora tiene el Barcelona o los equipos de Madrid en estas tierras.
Otra de esas es “El primer jugador colombiano en hacer un gol en la Eurocopa” (¿Por qué?, si ayer no era colombiano, era suizo). O por ejemplo, “El Udinese de los colombianos” (¿Son socios y dueños de equipo?), o la gran tontería “Mario Alberto hizo el pase del gol del Inter”(hizo el saque de banda que cinco jugadas después derivó en el gol). En fin, el bus de la victoria tiene innumerables paradas.

El bus también es muy rápido, fugaz en su recorrido y veloz en el olvido. En 1999 Juan Pablo Montoya ganó el campeonato CART, un campeonato de mucha trayectoria en Estados Unidos y Canadá, pero poco conocido en Colombia en aquel entonces. En ese momento todo el mundo fue aficionado y la gente alardeaba y se regodeaba de saber de “Franchitti”, “Papis”, “Tracy”, “Vasser”, “Laguna seca”, “Motegi”, “súper óvalos”, etc. Aunque la ignorancia fue tal, que muchos de los “aficionados” pusieron en sus vehículos calcomanías que decían “Target” pensando que era un símbolo de velocidad, pasando por alto que esta es una tienda por departamentos muy famosa en Estados Unidos. Sobra decir que los nombres actuales son muy poco conocidos porque la fiebre por esta categoría se acabó. Siguiendo con un ejemplo parecido, cuando el piloto colombiano llegó a la F1 todo el mundo madrugó a ver las carreras, tiempo después, como no ganaba el colombiano, las carreras eran “aburridas”. Sobra decir que si Montoya hubiese ganado seguido, las excusas para embriagarse hubiesen sido mayores, y por ende las carreras serían entretenidas.

Una vez más, no son los únicos casos. Colombia vive también de los records, y no records inherentes al conocimiento, sino al “postre más grande”, “El zapato más grande”, etc. Falta celebrar records por el estilo de “El trabajador más incompetente”, “El cuaderno con peor ortografía”, “La persona que más toma”, “El funcionario que más viaja”, “La persona más incumplida”, “La persona que peor conduce un carrito de supermercado”, records que sin duda alguna serían motivo de orgullo y satisfacción para esta humanidad agobiada y doliente.

En fin, los motivos que el colombiano encuentra para ser un pasajero del Bus de la victoria son innumerables, todos los días puede existir uno o varios dependiendo del contexto, pero esa es una de las cosas propias de la “colombianidad”. Por eso, y parafraseando a la publicidad del líquido que abastece al Bus de la victoria: “Celebra colombiano, que es como mejor te ves”. Y aquí parece que esta frase ha sido tomada al pie de la letra.