En este país de innumerables regiones,
costumbres, comidas y frases célebres se puede ver de todo, desde agradables
tradiciones y labores encomiables hasta bellos parajes turísticos y carreteras
infestadas de precipicios, haciendo aún más evidente el paisaje montañoso del
país. En fin, cosas muy interesantes y que podrían ser motivo de orgullo.
Pero también hay
costumbres muy nacionales que no tienen presentación alguna y que harían
sonrojar al más liberal de los mortales. Muchos hemos tenido la ingrata
oportunidad de ser testigos de espectáculos como el aplauso al piloto del avión
en un aterrizaje normal en un aeropuerto internacional (una forma efusiva de
decirle al piloto: “Menos mal no nos matamos”), de las “caminatas” con camiseta
blanca con la inocente intención de creer que con eso se acabará la maldad en
el país, de la celebración comercial del día del niño, del amor y la amistad,
del campesino, y una incesante procesión de días dedicados a cualquier cosa,
sin contar los 365 reinados que se llevan a cabo en los aproximadamente 1100
municipios de este país. Así, se puede hacer una gran lista de estas
costumbres, pero se me ocurre una muy recurrente y que me atrevería a decir sin
temor, que solo existe en Colombia: El “Bus de la victoria”.
Una ciudad como
Bogotá presenta muchos problemas en su transporte público masivo, pero este bus
es demasiado grande y cabe todo el mundo, puede andar con sobrecupo, pero al
cabo de unos minutos todo el mundo se baja. Además en ese bus se puede subir
con cualquier tipo de trago.
En Colombia a la
gente le gusta celebrar cosas que no les pertenece y así encontrar una excusa para
embriagarse y asistir a los lugares de moda donde se podrá “interactuar” de
alguna manera con la infamemente llamada “gente bien”. Al otro día, los
“pasajeros” ya olvidarán este asunto y el motivo de la celebración será
obsoleto e improcedente. Que mejor que ilustrar esta situación con algunos
ejemplos.
Viene a la memoria
cuando el equipo de fútbol de la ciudad de Manizales “Once Caldas” obtiene el
titulo de la Copa Libertadores de América, un triunfo soñado por los
aficionados de cualquier equipo de fútbol en Latinoamérica. Ese día miércoles
se escucharon gran cantidad de estúpidas frases alusivas al tema, como: “Once
Caldas es Colombia…”, “Si ganan, ganamos todos. Si pierden, pierden ellos”,
“Como hay colombianos en Boca, de todas formas Colombia será campeona de la
copa.”, “Colombia está paralizada”, entre otras frases, las cuales no recuerdo
y de pronto tampoco quisiera recordar. Vale la pena anotar que efectivamente
toda Colombia estuvo paralizada, el motivo realmente creo que no importaba,
pero si Caldas obtenía un triunfo habría celebración por parte de propios y
extraños.
Al día siguiente,
un amigo me llama para saber si vi el partido. Yo le contesté:
-
Si, ahí estuve en mi casa, normal.
Luego yo le
pregunté:
-
Usted también estuvo en su casa,
pero nuestros otros amigos qué estarían haciendo.
Mi amigo me
respondió:
-
Estaban en Atlantis viendo el
partido y luego se fueron a celebrar a la 93.
Al escuchar esa
respuesta, mi primera reacción fue:
-
Qué pueden estar celebrando un
hincha de América, uno de Millonarios, uno de Nacional y uno de Santa fe. Ellos
no vieron ni un solo partido previo, de hecho, difícilmente sabrán que el Once
Caldas se viste de blanco, y punto.
Mi amigo remató
con:
-
Usted sabe como son ellos. Toman
cualquier excusa para estar bebiendo.
Así como esos
amigos hay muchos, para cerciorarme de esa situación, hice una ronda por todos
los canales nacionales, y, ¿qué encontré? La celebración del titulo
“colombiano” en todos los rincones del país, casi ignorando a Manizales. La
gota que rebasó mi copa fue ver a un costeño diciendo ¡“Caldas, te amo!”
después de haber manifestado ser hincha del Junior. En ese momento apagué el
televisor.
No es el único
caso. Por ejemplo, otra frase estúpida fue cuando Hernán Darío Gómez dirigió la
selección ecuatoriana en el mundial 2002, donde muchos noticieros enunciaron
que “Ecuador es Colombia en el mundial”. No creo que hubiera existido nunca una
conjunción de palabras tan incoherente e irreal como esa. Ni hablar de los
innumerables hinchas que ahora tiene el Barcelona o los equipos de Madrid en
estas tierras.
Otra de esas es “El primer jugador colombiano
en hacer un gol en la Eurocopa” (¿Por qué?, si ayer no era colombiano, era
suizo). O por ejemplo, “El Udinese de los colombianos” (¿Son socios y dueños
de equipo?), o la gran tontería “Mario Alberto hizo el pase del gol del Inter”(hizo
el saque de banda que cinco jugadas después derivó en el gol). En fin, el bus
de la victoria tiene innumerables paradas.
El bus también es
muy rápido, fugaz en su recorrido y veloz en el olvido. En 1999 Juan Pablo
Montoya ganó el campeonato CART, un campeonato de mucha trayectoria en Estados
Unidos y Canadá, pero poco conocido en Colombia en aquel entonces. En ese
momento todo el mundo fue aficionado y la gente alardeaba y se regodeaba de
saber de “Franchitti”, “Papis”, “Tracy”, “Vasser”, “Laguna seca”, “Motegi”,
“súper óvalos”, etc. Aunque la ignorancia fue tal, que muchos de los
“aficionados” pusieron en sus vehículos calcomanías que decían “Target”
pensando que era un símbolo de velocidad, pasando por alto que esta es una
tienda por departamentos muy famosa en Estados Unidos. Sobra decir que los nombres
actuales son muy poco conocidos porque la fiebre por esta categoría se acabó.
Siguiendo con un ejemplo parecido, cuando el piloto colombiano llegó a la F1
todo el mundo madrugó a ver las carreras, tiempo después, como no ganaba el
colombiano, las carreras eran “aburridas”. Sobra decir que si Montoya hubiese
ganado seguido, las excusas para embriagarse hubiesen sido mayores, y por ende
las carreras serían entretenidas.
Una vez más, no son
los únicos casos. Colombia vive también de los records, y no records inherentes
al conocimiento, sino al “postre más grande”, “El zapato más grande”, etc.
Falta celebrar records por el estilo de “El trabajador más incompetente”, “El
cuaderno con peor ortografía”, “La persona que más toma”, “El funcionario que
más viaja”, “La persona más incumplida”, “La persona que peor conduce un
carrito de supermercado”, records que sin duda alguna serían motivo de orgullo
y satisfacción para esta humanidad agobiada y doliente.
En fin, los motivos
que el colombiano encuentra para ser un pasajero del Bus de la victoria son
innumerables, todos los días puede existir uno o varios dependiendo del
contexto, pero esa es una de las cosas propias de la “colombianidad”. Por eso,
y parafraseando a la publicidad del líquido que abastece al Bus de la victoria:
“Celebra colombiano, que es como mejor te ves”. Y aquí parece que esta frase ha
sido tomada al pie de la letra.
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