- - ¿A cuántas cuotas?
- - 24, por favor.
Sin duda ustedes habrán escuchado más de una vez esta
conversación. A muchos escandaliza, pero otros consideran que de ese modo no se
sienten las deudas, sin importar que van a tener que pagar mucho más por el
bien que compraron. Algunos prefieren pagar de contado, pero otros quieren
pagar mucho después. Respetable, pero discutible. El colombiano suele vivir al
debe, y eso no es ningún secreto.
Si ustedes miran a sus compañeros de trabajo, familiares,
vecinos, o amigos, pueden ver que las deudas los agobian, que tienen
sobregiradas las 5 tarjetas de crédito con las que cuentan, que no alcanza el
dinero para pagar la cuota del ostentoso auto que solo usan 2 veces por semana,
y que el día de pago está lejano. Es común escuchar el día después del pago que
“el dinero se fue como llegó”. Alardean de tener los últimos teléfonos, un
carro nuevo, y la tecnología más reciente, pero si se llegan a aburrir de sus
trabajos, muy seguramente no van a tener la libertad y la posibilidad de
renunciar, todo debido a que aún se debe todo lo que se compró. Y es que las
deudas están presentes todo el año, y se convierten en un círculo vicioso para
el trabajador colombiano. A veces parece que deja de ser una cuestión de
disciplina y educación financiera, y pasa a ser algo endémico, inherente a la
vida del trabajador.
Hay varias épocas en el año donde el colombiano, sin
importar su nivel socioeconómico, está sobregirado. La primera del año es en
Enero. Pocos se alcanzan a reponer de la resaca de la Navidad, cuando empieza
la temporada escolar, y a los niños les piden desde “cuaderno ferrocarril
debidamente marcado y forrado con color azul”, hasta “papel higiénico cortado
en cuadritos” o “uniforme de karate”, entre otras excentricidades. Como muchos
ya no tienen el “comodín” que representaba la “prima” de Navidad por haber
gastado desenfrenadamente en el fin de año para demostrarle a otros quién es el
“duro”, pues toca recurrir a pedir prestado a un hermano, padre, tío, vecino, o
a reciclar útiles del año anterior, porque un tajalápiz no se gasta en un año.
Febrero, el mes para recordar el “gaste en Diciembre y pague
dentro de dos meses”. Se había gastado en Diciembre, se había endeudado
también, y aparte debe los libros de Enero. Es ahí donde empiezan a recordar
las fiestas con montones de invitados, los copiosos buñuelos, y las cantidades
diluvianas de aguardiente. Desde luego, también se recuerda el TV de 60
pulgadas comprado a cuotas, porque “el vecino tiene uno de 46, y yo debía tener
uno mejor”.
Marzo, mes de la semana Santa. “Me aburrí de Melgar, así que
nos vamos a Cartagena, que es más caro que ir al extranjero, pero puedo poner
en el Face: “@Cartagena” o “I’m at Rafael Nunez International Airport” (cosa
que realmente a nadie le importa). Igual, pedí un crédito en el Fondo de Empleados”.
Hay fechas que los gremios de comerciantes han inventado
para aflojar el dinero de nuestros bolsillos y porque suelen ser meses débiles
en ventas.: en Abril el “día del niño”, en Septiembre el día del “amor y la
amistad”, y ahora en Marzo el recientemente creado “día del amigo”. El comercio
y la publicidad conspiran contra el trabajador, aunque este no suele hacer nada
para evitarlo. Desde luego, mientras se acumulan todas esas deudas, los recibos
y las cuotas de administración e impuestos siguen andando. Las vacaciones de
mitad de año tampoco ayudan mucho a que estas personas tengan algo de ahorro, y
mucho menos los lanzamientos de nuevas tecnologías, porque “si todo el mundo lo
tiene, yo lo debo tener”.
Diciembre es el mes clásico del derroche, del desenfreno.
Desde el centro comercial más ostentoso, hasta el más humilde vendedor
ambulante tiene fiel y distinguida clientela. Hay que gastar, el comercio nos
dice que debemos comprar, que solo seremos felices si tenemos ese TV o esa
consola de videojuegos, el banco nos dice que no nos preocupemos, que podemos
pagar después, el niño dice que solo me respetará si le compro ese moderno
juguete. ¿De dónde saco el dinero? En
este momento no importa, ¡igual con la tarjeta de crédito puedo pagar después!
- - Señorita. Me llevo todo esto.
- - ¿A cuántas cuotas?
- - 24, por favor.
Lo primero que pensé a medida que iba leyendo el artículo fue "menos mal siempre he ahorrado dinero".
ResponderEliminarYo estoy rodeada de gente compulsiva, que no sabe manejar el dinero y que se han visto a gatas muchas veces con los gastos y las facturas. Es de locos...
Sin embargo, cuando terminé de leer el artículo sentí como si, en vez de generar consciencia sobre la importancia del ahorro y el gasto responsable, hubieras hecho un reproche por las vacaciones y la consola de videojuegos.
No quiero pensar que eres de ese tipo de personas que le da igual los regalos de cumpleaños y que se vuelve un grinch en navidad...
Y dejo el comentario con puntos suspensivos porque, al leer el artículo, me pregunté eso y no encontré respuesta.
El punto es, yo estoy de acuerdo con que tiene que haber un uso responsable de las tarjetas, del endeudamiento y sobretodo un sentido del ahorro tan básico como saber que todos los días hay que lavarse los dientes... más en un país como este cuya economía es volatil y en donde cosas como la pensión no están aseguradas a pesar de cotizar para obtener una.
Finalmente, no creo que todos vivamos en competencia por las cosas... eso de que si el vecino lo tiene yo también... no sé si es porque yo no me relaciono con los vecinos pero no lo veo así y aún cuando entre mis tios pueda darse algún tipo de competencia, no creo que eso sea decisivo al tomar decisiones del tipo "que compraré esta navidad" o "a donde me iré de viaje".