Pocas veces recuerdo haber sido tan feliz estando enfermo,
porque el 18 de diciembre de 1988 hubo fiebre, tanto de una emotiva final de fútbol,
como de fiebre que impedía salir de la cama, que era mi caso.
1988 fue un año de valiosos recuerdos. Muchos recordamos el “Concierto
de Conciertos”, la niñez de muchos de nosotros, y momentos difíciles de orden
público, pero como cada diciembre, la atención se vuelca hacia la final de
fútbol colombiano. En aquella época el campeonato se definía en un octogonal,
disputado en 2 rondas. Los invitados a la fiesta fueron Millonarios, Nacional,
Santa Fe, América, Junior, Cúcuta, Quindío y Pereira.
Las nóminas de los equipos eran extraordinarias. Atlético
Nacional contaba con buena parte de la selección Colombia, destacándose
jugadores como Higuita, Leonel Álvarez, Tréllez, y Andrés Escobar; América
tenía una selección del continente: Gareca, Falcioni, Bataglia, Cabañas, De
Ávila, entre otros genios del balón. Santa Fe tuvo jugadores del talento de
Freddy Rincón, Jorge Balbis, “checho” Angulo y Eduardo Niño, quienes al año
siguiente irían al equipo escarlata de Cali.
Había mucho dinero para armar grandes nóminas, y para nadie es un
secreto su procedencia en bastantes casos.
Millonarios tenía un equipo de respeto, y aunque fracasó ese
año en la Copa Libertadores, bajo el mando de Luis Augusto García buscaría su
estrella 13. El equipo contaba con Omar Franco como portero, defensas como
Alberto Gamero, Cerveleón Cuesta, Wilman Conde y Hugo Galeano; volantes recios
como Eduardo Pimentel, Mario Vanemerak, o talentosos como Nilton Bernal, y
delanteros peligrosos como Arnoldo Iguarán, “Gambeta” Estrada, “pájaro” Juárez
y Ruben Dario Hernández. Para la última fecha, Millonarios y Nacional llegarían
empatados en puntos, pero una mejor diferencia de gol para el azul. El equipo Embajador tenía que visitar la temible Barranquilla, y Nacional iría a Bogotá a enfrentar
a Santa Fe. Millonarios necesitaba empatar y que Nacional no ganara.
Ese 18 de diciembre, con fiebre, se aceleraría al principio
de los partidos. Promediando el primer tiempo se daba el peor de los resultados:
Nacional ganaba en Bogotá (con gol de J.J. Galeano) y Junior hacía lo propio en
Barranquilla con gol de “Kiko” Barrios. La fiebre era más intensa, y el
marcador de los juegos no ayudaba para nada.
De repente todo tomó otro rumbo en el segundo tiempo. Mario
Vanemerak anotaría el empate de Millonarios en Barranquilla, y casi que al
momento, “checho” Angulo empataría el juego en Bogotá. La fiebre se había ido,
los nervios la habían sometido. El televisor a blanco y negro de marca “National”
sería testigo del final del partido en Barranquilla y de la imagen de Omar
Franco de rodillas orando para que terminara el juego en Bogotá, con un final
feliz, que afortunadamente se dio, y que todos los azules celebramos con el
alma.
El 1-1 en ambos juegos marcaría la estrella 13 de Millonarios,
la última hasta este momento. Bogotá la celebraría a rabiar, y parecía que
continuaría la racha de estrellas consecutivas de uno de los mejores equipos de
su generación, pero no fue así, y han pasado 24 años desde esa última estrella,
pasando por momentos muy penosos e incluso con la casi desaparición del equipo.
Por lo pronto, se recuerda ese momento feliz e inolvidable. La fiebre se fue,
pero ojalá los triunfos regresen.
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