Cuando Luis Delgado fue a saludar al juvenil Andrés Correa,
se veía venir el final. El volante
antioqueño cobraría el penalti, y Delgado, el portero del equipo azul, le
brindaría una indescriptible alegría a millones de personas, que olvidarían
inmediatamente que un error de ese mismo arquero llevaría a Millonarios, el
tradicional equipo de la capital colombiana, al indeseable sufrimiento que
siempre traen las definiciones desde el punto penal.
La estrella número 14 del club capitalino, y en general el
duelo Millonarios – Medellín, nos mostraría a todos que siempre hay una nueva
oportunidad, y muchos la tuvieron ese día, y sin duda alguna la supieron
aprovechar.
Quién se imaginaría por ejemplo que Mayer Candelo, aquel
jugador que después de desperdiciar un penalti en un juego ante el rudo “Centauros”
de Villavicencio en 2003, y que después tiraría al frío césped de “El Campín” su camiseta, se coronaría campeón como capitán
del equipo, cuya hinchada demoró mucho tiempo en perdonarle aquel gesto. Quien
se imaginaría también que Luis Delgado, portero que a pesar de sus problemas
personales (su esposa combate el cáncer de seno), y quien en su primer partido
como titular en el pórtico del equipo recibió 8 goles del Real Madrid, sería el
héroe de la jornada, incluso después de haber cometido un grave error en el
juego final. La vida está llena de oportunidades, y qué bueno que siempre se
pueden aprovechar.
El equipo rival, muy joven y combativo, estaba dirigido por
Hernán Darío Gómez, una persona que genera siempre amores y odios y que ha
estado muchas veces en banquillos de selecciones como Colombia o Ecuador. Hace
un poco más de un año, agredió a una mujer en las afueras de un sitio nocturno
de Bogotá, y fue condenado públicamente por el hecho, que finalmente lo llevó a
renunciar a la dirección de la Selección Colombia, justo antes de iniciar las
eliminatorias al mundial de 2014. Gómez creyó que su carrera se terminaba, y
después de disculparse, el Deportivo Independiente Medellín le brindaría una
nueva oportunidad, que aprovecharía al llevar a la final a un equipo tan
inexperto como combativo. Incluso, sus declaraciones a la prensa tienen un tono
tan mesurado, que resulta increíble.
Como tal, Millonarios, tanto la institución como su hinchada,
tuvo la feliz conclusión de una nueva oportunidad. El hincha de Millonarios
siempre estuvo ahí, en los peores momentos, sufriendo temporada tras temporada aquel
rosario de ineptos directivos, jugadores inoperantes, y técnicos que nunca
encontraron el camino. La espera parecía eterna, pero Millonarios le dio a su
hinchada una nueva oportunidad para celebrar, la primera para muchos de sus
fanáticos.
Y Millonarios, institucionalmente sí que tuvo y aprovechó
esa nueva oportunidad. Cabe recordar ese deplorable 2010, cuando el equipo
presidido por Juan Carlos López y dirigido por Luis Augusto García, y con
refuerzos tan mediocres como Obelar y Boyero, caminaba peligrosamente por la cornisa que lleva al
descenso y de la desaparición como equipo, porque las deudas ya eran
asfixiantes. Afortunadamente, sus fieles hinchas, el empresario José Roberto
Arango, y el técnico Richard Páez, encontraron el camino, y le dieron una nueva
oportunidad al histórico equipo bogotano. Todo prácticamente estaba perdido,
pero la esperanza siguió ahí, y nos dio la oportunidad de celebrar.
En la vida siempre tendremos oportunidades, y el juego de la
final nos mostró muchos ejemplos de
vida, de cambios, de felicidad, de superación personal. Ojalá todos los días
tuviéramos la oportunidad de ver y de contar estas historias.
Hasta una próxima oportunidad.
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