Los que pertenecemos a las
últimas generaciones del siglo pasado (sí, no suena muy alentador) tuvimos gran
afinidad con las emisoras de radio. Las escuchábamos en nuestro bus escolar,
cuando hacíamos las tareas, o cuando trasnochábamos estudiando para algún
examen. No teníamos Youtube, pero esperábamos la voz de Andrés Nieto, de
Alejandro Villalobos o de Hernando Romero Barliza anunciando nuestra canción
favorita. Claro está que no teníamos la opción de escucharla muchas veces
seguidas volviendo a poner play, sino que teníamos que esperar varias horas
para que volviera a sonar en la programación, o ir a comprar el CD o el
cassette.
Muchos asocian el principio de la
radio juvenil masiva con el gran esfuerzo de Fernando Pava Camelo, de familia
ligada al Partido Conservador, quien “desafiando” de alguna manera a su familia
(dueña de la Cadena “Súper”) logró fundar una emisora en la frecuencia 88.9 de
Bogotá. Si bien ya había intentos de radio de corte juvenil (las emisoras de la
mal llamada “música para planchar”, la
música “disco” en Radio Tequendama, o la lastimosamente extinta y muy grande
“Caracol stereo”, con Enrique París y Otto Greiffestein, que sonaba música en
inglés), 88.9 (llamada “Súper stereo” en sus primeros años) llegó a calar
dentro del gusto juvenil con programas como “Los 20 súper éxitos”, “American
Top 40” o “El zoológico de la mañana”, y al parecer, desde que Fernando Pava
sonó la canción “Respirando” del dúo argentino “Bárbara y Dick” en Marzo de
1982, se sabía que ese modelo de emisora podía ser exitoso.
El momento de gloria de la radio
juvenil vino a finales de los 80’s, cuando 88.9 tenía sus programas plenamente
consolidados y contaba con disc Jockeys como Alejandro Villalobos, Andrés
Nieto, Jorge Marín o Tito López. A diferencia de las otras emisoras, el oyente
realmente tenía “sentido de pertenencia” con 88.9, porque además de darle la
oportunidad de programar sus canciones favoritas, también recibía regalos, o la
oportunidad de ver en vivo a sus artistas favoritos, lo que para la época no
era poca cosa. Adicionalmente en ese momento se vivió lo que se dio en llamar “El
boom del rock en español”, lo que hizo aún más popular la emisora.
Muchos recordarán personajes como
“Don Fulgencio” (que era un amargado señor interpretado por Villalobos en una
época, después por Jorge Marín – ambos ayudados de una herramienta que
distorsionaba la voz), el álbum de 88.9, el emocionante intro de “Welcome to
the jungle” en el concierto de “Guns ‘n’ Roses en 1992, o la rabia con la que el
argentino Miguel Mateos cantó a las 5 de la mañana del 18 de Septiembre de 1988
en el “Concierto de Conciertos”. La radio nos envolvió en su mundo, tanto así
que muchos de los estudiantes de la época camuflaban su walkman o su discman en
clase para poder escuchar las ocurrencias de los locutores de la época, que si
bien a decir verdad no eran tan divertidas, pero distaban mucho de los
contenidos vulgares y de doble sentido que se hacen presentes en las distintas
emisoras en la actualidad. 88.9 llegó a ser tan importante, que hasta tuvo su
propia tienda de suvenires en la carrera 15 de Bogotá.
En los años 90’s aparecieron
otras alternativas de radio juvenil como “Radioactiva” o “La Mega”, así como la
consolidación de “Todelar stereo” (posteriormente llamada “La X”). La primera
tuvo hitos importantes como “La Locomotora” (su programa matinal con Alejandro
Villalobos, Gabriel De las Casas, “Papuchis”, entre otros) y años después la
versión radial de “la Tele”, el exitoso programa de televisión donde Martín de
Francisco y Santiago Moure marcaron una época. Todas estas emisoras contaban
con patrocinios de marcas importantes para la época, como “Presto”, “Charlie’s
Roastbeef”, “Azúcar” o “Jeans and Jackets”, casi todas un ejercicio de
nostalgia en la actualidad, como lo son las famosas “Minitecas”, donde
presenciábamos una fiera competencia entre “The Best” (de Villalobos – La Mega)
y “New Concept” (de Casale – Radioactiva) por ver cuál estaba presente en más “proms”.
A finales de los 90’s y principio
de siglo varias de estas emisoras fueron cambiando de formato conforme su
público iba creciendo y las tendencias cambiaban. “Radioactiva” pasó de ser una
emisora crossover (donde en la misma hora sonaba “Soda stereo”, “The Police” y “Sandy
y Papo”) a una emisora netamente de rock; “La Mega” se especializó en los
ritmos juveniles actuales (de cada época); “La X” tuvo una migración hacia una
radio no hablada donde predominaba la música de los 80’s, antes de llegar a un
formato hablado y con énfasis en música nueva. Por su parte 88.9 terminó sus
días en el dial en el 2005 siendo una leve sombra de lo que alguna vez fue, con
sus programas estrella, pero sin el impacto que tuvo en los 80’s. Desde luego,
hubo alternativas como “99.1” (ahora llamada “Señal Radiónica”) con canciones
no tan comerciales, y emisoras como “Laúd” (de la Universidad Distrital) y “Vibra”
(antigua “Acuario stereo) enfocadas a la música en español. Otros oyentes
(dentro de los que me incluyo) fuimos migrando hacia las radios de género “Adulto
contemporáneo” (La FM y Caracol stereo) o la radio hablada. El siglo y la
generación habían cambiado.
Lejos quedan los tiempos en que nos
sentábamos a escuchar si nuestra canción favorita se mantenía en los listados,
en que esperábamos contestar una pregunta para ganar un CD de “Máquina Total” o
“Lo más disco”, o en que queríamos que llevaran al artista más exitoso a la miniteca
de nuestro colegio. Ni idea si las nuevas generaciones le han desarrollado
gusto a la radio. Ojalá algún día nos cuenten esa historia., aunque seguramente
tendrá que ver más con nombres como Youtube, Spotify o Grooveshark, que con “El
Capi”, “Papuchis” y “Don Fulgencio”.
Una pequeña pausa y regresamos
con más.
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