Los tiempos han cambiado mucho. En 1990, la televisión
colombiana solo tenía 2 canales, y era muy difícil observar los partidos de
fútbol profesional, en tanto que solo se transmitían los cuadrangulares
semifinales y las finales, y de ahí que muy pocas veces pudimos observar al
Sporting de Barranquilla, club que fue perenne habitante del último lugar de la
tabla en los torneos en los que participó. Jugaba en el intenso calor del “Romelio
Martínez”, pero la lluvia de goles en cada fecha era incesante, y no precisamente a
favor del equipo costeño.
Para enterarnos del Sporting, debíamos escuchar los
programas de deportes en la radio, esperar la emisión de “Teledeportes” o el “Show
del gol Criptón” para ver los goles, o leer el diario al día siguiente, y así
poder saber que si bien Sporting perdía, su portero era figura. Su nombre,
Miguel Calero.
Miguel fue un portero vallecaucano nacido en 1971, nacido
para el fútbol en las divisiones inferiores del Deportivo Cali, donde de la
mano del desaparecido entrenador de porteros Carlos Portela, alternó con otros
grandes del arco colombiano como Faryd Mondragón y Óscar Córdoba, y así saltó
al profesionalismo en el mencionado Sporting, para luego vestir los colores de
la selección Colombia, Deportivo Cali, Atlético Nacional, y el Pachuca de
México, donde conoció la gloria al ganar varios torneos, incluyendo la Copa
Sudamericana.
Su estilo en la portería era irreverente pero serio. En
situaciones donde su equipo pasaba apuros, iba hasta al otro arco a intentar un
gol, y a veces lo lograba, pero también era muy serio y vistoso bajo los tres
palos, en tanto que sus atajadas eran espectaculares, literalmente volaba, así
que el cielo le será familiar.
Cómo olvidar el estupendo gol que le marcó al Deportivo
Pereira, siendo el primer gol que hace un portero en Colombia con balón en
movimiento, o el penal que le atajó a Martín Palermo en la Copa América de
1999, o el elegante uniforme azul con el que en el Preolímpico de 1991 tapó
todo lo que disparaban, o las gestas en el Pachuca, equipo donde fue preparador
de porteros hasta el final de sus días, convirtiéndose en el tercer jugador más
ganador de la historia de Colombia, después de Iván Ramiro Córdoba y Fabián
Vargas.
Calero no solo fue un estupendo portero, sino que como ser
humano siempre fue intachable. Nunca fue motivo de escándalo, siempre fue amigo
de los niños, y ningún técnico, jugador o periodista tuvo queja de él. Hasta en
eso fue un grande.
El 4 de Diciembre de 2012, y después de un accidente
cerebrovascular, Miguel nos abandona. Se nos va un grande, un ídolo, un ejemplo
a seguir, pero la leyenda, como el show, por siempre vivirá.
Bonito artículo. Sin embargo Calero murió por una trombosis cerebrovascular, que es diferente a un accidente cardiovascular. Ese detalle nada más.
ResponderEliminarDel resto, me parece que es un buen homenaje, respetuoso, afectuoso y centrado. Felicidades.
Muchas gracias por la aclaración, y por tu visita! Bienvenida siempre a este lugar!
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