Muchas veces se nos olvida que los
ídolos, o figuras públicas, son humanos también, y como tales mueren. Sus
muertes no pasan inadvertidas, en tanto que muchos hacen parte de nuestras
vidas, de nuestras historias, e incluso, representan nuestros sueños.
La muerte de una figura produce
tristezas multitudinarias. A los colombianos nunca se nos podrá olvidar la
muerte en 1994 de Andrés Escobar, estupendo defensor central de la Selección
Colombia, quien tuviese el infortunio de marcar un autogol en el Mundial de
Estados Unidos 94, y que lastimosamente sería asesinado por ese hecho en
Medellín. Escobar no solo era un gran jugador, sino que también fue reconocido
como una persona de conducta intachable, lo que hizo que su leyenda fuera aún
más grande e inolvidable.
Los fanáticos del automovilismo
nunca podremos olvidar esa mañana de mayo 1994, cuando en la curva Tamburello
del circuito de San Marino, el auto Williams – Renault del brasilero Ayrton
Senna Da Silva, perdiera el control y sufriera un accidente contra un muro cuando
iba liderando la carrera. El triple campeón mundial no salió vivo de esa, pero
ya era una leyenda, en tanto que era un piloto carismático y ganador con todos
los autos que condujo. Dos millones de personas asistieron en Sao Paulo a su
funeral. Para muchos nunca ha existido un piloto igual.
En una tarde de junio en 2009,
recibimos una terrible noticia. Después de una serie de especulaciones de un
sitio web de rumores, se confirmaba la muerte de Michael Jackson. El más grande
de los cantantes pop, supremamente talentoso en el escenario, pero inseguro en
su vida personal, moriría a raíz de una intoxicación con el anestésico “propofol”.
Muchas generaciones crecieron con Jackson, tanto los que en los 70’s
disfrutaron con canciones como “ABC” o “Ben”, como los que nos asustamos con el
video de “Thriller” y cantábamos mal “Beat
it” en los 80’s. Una muerte muy dura, sobre todo pensando en el eventual
retorno a los escenarios que estaba preparando en ese momento.
Otra muerte muy mediática fue la
de la princesa Diana de Gales en 1997, quien en un accidente al evadir la
persecución por parte de un periodista, perdería su vida en Francia junto a su
novio Dodi Al –Fayed. Su funeral fue multitudinario, y muy recordado por la
interpretación por parte de Elton John de la canción “Candle in the wind”,
canción que sigue siendo la más vendida de todos los tiempos. Para muchos ella
era parte de la familia, en tanto que numerosas familias en este lado del mundo
trasnocharon en 1981 viendo la idílica boda entre ella y el príncipe Carlos.
En Colombia hemos tenido
asesinatos que han marcado la política en sus años posteriores. Jorge Eliecer Gaitán,
carismático y popular líder liberal en 1948 fue asesinado presuntamente por
Juan Roa Sierra el 9 de Abril de 1948 en la Avenida Jiménez con 7ma (donde irónicamente queda un Mc Donald’s). El “Bogotazo” fue el principio de una
época de mucha violencia, con presidentes conservadores a ultranza, dictaduras
militares, y poder negociado y concertado posteriormente, que también desencadenaría
en grupos guerrilleros. Aún no hemos salido de eso.
En 1989, épocas en las que el
narcotráfico tenía al país sometido, el candidato más fuerte para llegar a la
Presidencia de Colombia era Luis Carlos Galán. Sospechosamente su guardia de
seguridad había sido modificada, lo que hizo más fácil el trabajo para el
cartel de Medellín (a quien Galán siempre había combatido) y para su rival
político Alberto Santofimio, hábil político y orador tolimense, quien haría lo
que fuera para ser presidente. El candidato
moriría asesinado en la plaza principal de Soacha, de una manera absurda, en
tanto que las balas que lo mataron fueron disparadas desde muy cerca. Bernardo Jaramillo
y Carlos Pizarro, candidatos de grupos de izquierda, también corrieron la misma
suerte. Mucha sangre corrió, muchas personas lloraron, y muchas preguntas
quedaron sin resolver, aún después de casi 25 años.
En esas épocas aciagas para el orden
público nacional, en las que el narcotráfico permeaba todas las esferas de la
sociedad, había un valiente periodista en el diario “El Espectador”, llamado
Guillermo Cano, quien fuera también su director. Cano se atrevió a desafiar al
cartel de Medellín en sus editoriales, y eso lo pagó con su vida, en tanto que
fue asesinado el 17 de diciembre de 1986 a manos de un sicario a la salida del
diario en la avenida 68 de Bogotá. Un duro golpe a la libertad de expresión, y
un duro golpe a la tranquilidad de este país. Sería el comienzo de épocas muy
violentas.
El presente artículo fue motivado
por la muerte hoy, 17 de diciembre de 2013, del periodista Antonio José
Caballero. Caballero fue uno de los grandes reporteros de este país, un
brillante cronista que era capaz de entrevistar a figuras mundiales como Fidel
Castro, Maradona, Hugo Chávez o el Papa, o de cubrir con maestría una masacre o
la falta de agua en un pueblo. Escucharlo en radio era muy placentero, porque siempre contaba anécdotas como si fuera
un familiar. De los pocos periodistas en una época donde abundan los egos y los
opinadores, que creyeron que el real protagonista de las historias era el
entrevistado. Una sorpresa conocer la noticia de su muerte, sobre todo después
de haberlo escuchado contando anécdotas ayer en un programa de radio, así, como si nada. Muerte dolorosa para quienes
amamos el periodismo de investigación, o que disfrutamos que nos cuenten buenas
historias.
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