martes, 17 de diciembre de 2013

Cuando los ídolos mueren

Muchas veces se nos olvida que los ídolos, o figuras públicas, son humanos también, y como tales mueren. Sus muertes no pasan inadvertidas, en tanto que muchos hacen parte de nuestras vidas, de nuestras historias, e incluso, representan nuestros sueños.

La muerte de una figura produce tristezas multitudinarias. A los colombianos nunca se nos podrá olvidar la muerte en 1994 de Andrés Escobar, estupendo defensor central de la Selección Colombia, quien tuviese el infortunio de marcar un autogol en el Mundial de Estados Unidos 94, y que lastimosamente sería asesinado por ese hecho en Medellín. Escobar no solo era un gran jugador, sino que también fue reconocido como una persona de conducta intachable, lo que hizo que su leyenda fuera aún más grande e inolvidable.

Los fanáticos del automovilismo nunca podremos olvidar esa mañana de mayo 1994, cuando en la curva Tamburello del circuito de San Marino, el auto Williams – Renault del brasilero Ayrton Senna Da Silva, perdiera el control y sufriera un accidente contra un muro cuando iba liderando la carrera. El triple campeón mundial no salió vivo de esa, pero ya era una leyenda, en tanto que era un piloto carismático y ganador con todos los autos que condujo. Dos millones de personas asistieron en Sao Paulo a su funeral. Para muchos nunca ha existido un piloto igual.

En una tarde de junio en 2009, recibimos una terrible noticia. Después de una serie de especulaciones de un sitio web de rumores, se confirmaba la muerte de Michael Jackson. El más grande de los cantantes pop, supremamente talentoso en el escenario, pero inseguro en su vida personal, moriría a raíz de una intoxicación con el anestésico “propofol”. Muchas generaciones crecieron con Jackson, tanto los que en los 70’s disfrutaron con canciones como “ABC” o “Ben”, como los que nos asustamos con el video de “Thriller” y cantábamos mal “Beat  it” en los 80’s. Una muerte muy dura, sobre todo pensando en el eventual retorno a los escenarios que estaba preparando en ese momento.

Otra muerte muy mediática fue la de la princesa Diana de Gales en 1997, quien en un accidente al evadir la persecución por parte de un periodista, perdería su vida en Francia junto a su novio Dodi Al –Fayed. Su funeral fue multitudinario, y muy recordado por la interpretación por parte de Elton John de la canción “Candle in the wind”, canción que sigue siendo la más vendida de todos los tiempos. Para muchos ella era parte de la familia, en tanto que numerosas familias en este lado del mundo trasnocharon en 1981 viendo la idílica boda entre ella y el príncipe Carlos.

En Colombia hemos tenido asesinatos que han marcado la política en sus años posteriores. Jorge Eliecer Gaitán, carismático y popular líder liberal en 1948 fue asesinado presuntamente por Juan Roa Sierra el 9 de Abril de 1948 en la Avenida Jiménez con 7ma (donde irónicamente queda un Mc Donald’s). El “Bogotazo” fue el principio de una época de mucha violencia, con presidentes conservadores a ultranza, dictaduras militares, y poder negociado y concertado posteriormente, que también desencadenaría en grupos guerrilleros. Aún no hemos salido de eso.

En 1989, épocas en las que el narcotráfico tenía al país sometido, el candidato más fuerte para llegar a la Presidencia de Colombia era Luis Carlos Galán. Sospechosamente su guardia de seguridad había sido modificada, lo que hizo más fácil el trabajo para el cartel de Medellín (a quien Galán siempre había combatido) y para su rival político Alberto Santofimio, hábil político y orador tolimense, quien haría lo que fuera para ser presidente.  El candidato moriría asesinado en la plaza principal de Soacha, de una manera absurda, en tanto que las balas que lo mataron fueron disparadas desde muy cerca. Bernardo Jaramillo y Carlos Pizarro, candidatos de grupos de izquierda, también corrieron la misma suerte. Mucha sangre corrió, muchas personas lloraron, y muchas preguntas quedaron sin resolver, aún después de casi 25 años.  
  
En esas épocas aciagas para el orden público nacional, en las que el narcotráfico permeaba todas las esferas de la sociedad, había un valiente periodista en el diario “El Espectador”, llamado Guillermo Cano, quien fuera también su director. Cano se atrevió a desafiar al cartel de Medellín en sus editoriales, y eso lo pagó con su vida, en tanto que fue asesinado el 17 de diciembre de 1986 a manos de un sicario a la salida del diario en la avenida 68 de Bogotá. Un duro golpe a la libertad de expresión, y un duro golpe a la tranquilidad de este país. Sería el comienzo de épocas muy violentas.

El presente artículo fue motivado por la muerte hoy, 17 de diciembre de 2013, del periodista Antonio José Caballero. Caballero fue uno de los grandes reporteros de este país, un brillante cronista que era capaz de entrevistar a figuras mundiales como Fidel Castro, Maradona, Hugo Chávez o el Papa, o de cubrir con maestría una masacre o la falta de agua en un pueblo. Escucharlo en radio era muy placentero,  porque siempre contaba anécdotas como si fuera un familiar. De los pocos periodistas en una época donde abundan los egos y los opinadores, que creyeron que el real protagonista de las historias era el entrevistado. Una sorpresa conocer la noticia de su muerte, sobre todo después de haberlo escuchado contando anécdotas ayer en un programa de radio, así,  como si nada. Muerte dolorosa para quienes amamos el periodismo de investigación, o que disfrutamos que nos cuenten buenas historias.

Muchas muertes mediáticas y dolorosas se quedan sin mencionar en este artículo: Mandela, Freddy Mercury, Kobain, Marilyn, Elvis, Juan Pablo II, Jimmy Salcedo, entre otros. Muertes de personas que son como de la familia, de gente inolvidable, que marca épocas, que hace historia. Ejemplos para que las vidas de los que seguimos en este planeta, realmente valgan la pena.

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